Estamos a punto de celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Tal vez sería bueno parar y hacernos algunas preguntas sobre
lo que ocurrió en la cruz. Primero, ¿realmente murió Jesucristo en la cruz?
Hubo varios testigos presentes en este evento histórico:
Los romanos eran expertos en la crucifixión, y ellos dieron testimonio de que Jesús había muerto (Marcos 15:42-45).
Por cualquier duda y para garantizar Su muerte, un soldado Le abrió el costado (Juan 19:34).
No sólo estaban convencidos los expertos sino también Sus amigos (Juan 19:38-42) y familiares (Marcos 15:47).
Sus enemigos, los principales sacerdotes y fariseos, estaban convencidos de Su muerte y acudieron a Pilato para que permaneciera muerto (Mateo 27:62-66).
Segundo, ¿fue necesario que Jesucristo muriese en la cruz?
Existen varias teorías al respecto:
La de la “influencia moral” dice que la muerte de Cristo fue sólo para darnos un buen ejemplo.
La teoría “gubernamental” declara que el gobierno de Dios hizo un ejemplo de Cristo debido a Su odio hacia el pecado.
La “Neo-Ortodoxia” habla de la muerte de Cristo simplemente como un pago a Satanás por el pecador sin mencionar nada relacionado a Su
substitución.
Tercero, ¿qué beneficios tiene para nosotros la muerte de Jesús en la cruz?
Nos Redime. Paga el precio exigido por nuestros pecados.
Nos Reconcilia con Dios. Nos retorna a ese compañerismo que Dios quería desde el principio.
Satisface las demandas de Dios en cuanto al rechazo por el pecado.
Nos Substituye en nuestro juicio debido a nuestra naturaleza pecadora.
Cualquier teoría sobre la redención de nuestros pecados que ignore el aspecto sustitutivo es hereje. Esa sustitución es tremendamente
poderosa y sólo el amor divino pudo ayudar a pasar tal sufrimiento.