Mi tiempo en el cielo

Sigmund, Richard

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Richard Sigmund (1941–2012) nació en Des Moines, Iowa. Su abuelo estaba orando mientras Richard nacía, y el Señor le dijo: “A través de él, responderé la oración”. ¿La oración de quién? La oración de su bisabuelo, que fue un predicador judío lleno del Espíritu que iba de un lugar a otro a caballo durante la Guerra Civil. El Señor se le apareció por primera vez a Richard cuando tenía cuatro años. De niño, comenzó a predicar en una iglesia rural metodista en Iowa. Su abuelo conocía al evangelista de sanidad Jack Coe Sr., y el reverendo Coe llevó a Richard a Omaha en 1949 a predicar. Mientras el niño conocido como “el pequeño Richard” predicaba, la unción descendió sobre él y vio ángeles.
Cuando tenía unos nueve años, presentó el evangelio en las reuniones del evangelista mundialmente conocido y con don de hacer milagros A. A. Allen. Richard estuvo con Allen durante unos diez años; los tutores le permitieron mantener sus tareas de la escuela mientras viajaba. También durante ese tiempo, Richard estuvo con el evangelista Lee Girard y dio su testimonio durante las reuniones de William Branham.
A sus veinte años, Richard tuvo un ministerio fructífero durante un tiempo en Phoenix, Arizona, y luego realizó reuniones en carpas con un éxito considerable entre los Navajo del norte de Arizona y en otras reuniones de avivamiento alrededor del país. En 1974, mientras estaba ministrando en una pequeña iglesia en Bartlesville, Oklahoma, estuvo declarado muerto durante ocho horas tras sufrir un accidente de tráfico, durante el que tuvo su experiencia del cielo y el infierno.
A lo largo de los años, Richard ha predicado el evangelio a través de programas de televisión, emisoras de radio y charlas. Ha estado en reuniones con Kathryn Kuhlman y Oral Roberts, y fue entrevistado por Pat Robertson. Richard ha ministrado en Inglaterra, Escocia, Australia, Suráfrica, Kenia y muchos otros países. En Suráfrica, siguió a David Nunn y Morris Cerullo en una serie especial de reuniones. Fue Rex Humbard el que le animó a contar su historia de un lugar llamado cielo.

Richard Sigmund (1941–2010) was born in Des Moines, Iowa. His grandfather was praying as Richard was being born, and the Lord told him, “Through him, I will answer prayer.” Whose prayer? The prayer of his great-grandfather, who was a Spirit-filled, Jewish, circuit-riding preacher during the Civil War. The Lord first appeared to Richard when he was four years old. As a child, he started preaching in a country Methodist church in Iowa. His grandfather knew healing evangelist Jack Coe Sr., and Rev. Coe brought Richard to Omaha in 1949 to preach. While the boy who became known as “Little Richard” preached, the anointing came upon him, and he saw angels.
When he was about nine years old, he presented the gospel before the meetings of world-renowned evangelist and miracle worker A. A. Allen. Richard was with Allen for about ten years; tutors enabled him to maintain his schoolwork while he was on the road. Also during that time, Richard was with evangelist Lee Girard and presented his testimony during William Branham meetings.
In his early twenties, Richard had a fruitful ministry for a time in Phoenix, Arizona, and then held tent meetings with considerable success among the Navajo in northern Arizona and in other revival meetings around the country. In 1974, while he was ministering at a small church in Bartlesville, Oklahoma, he was declared dead for eight hours after a traffic accident, during which he had his experiences of heaven and hell.
Over the years, Richard preached the gospel through television programs, radio broadcasts, and speaking engagements. He was in meetings with Kathryn Kuhlman and Oral Roberts, and he was interviewed by Pat Robertson. Richard ministered in England, Scotland, Australia, South Africa, Kenya, and many other countries. In South Africa, he followed David Nunn and Morris Cerullo in a special series of meetings. It was Rex Humbard who encouraged him to tell his story of a place called heaven.

Información adicional

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Páginas 192
Editorial Whitaker House
Peso 249.4800
No lo puedo explicar; sólo puedo contarle lo que vi, y el lenguaje es insuficiente, porque realmente es indescriptible: los paisajes, los sonidos, los tamaños, los colores, los olores. ¿Cómo se puede describir un lugar llamado cielo?
Recuerdo saber cosas que ahora no puedo recordar (o se supone que no debo recordar). Se me permitió ver muchas cosas, pero había mucho más que no se me permitió ver.
Muchos otros han tenido experiencias similares del cielo, y algunas de las cosas que vieron eran las mismas que lo que yo vi. Otras no, y si a usted le enseñaran un lugar llamado cielo, también vería cosas diferentes. Cada persona que haya tenido una experiencia como esta lo verá de forma distinta. Muchas de las cosas que vi y de las que fui testigo probablemente no fueron las cosas que otra persona vería, porque somos personas individuales y Dios trata con nosotros de forma individual.
Las cosas que vi me ministraron, y creo que también ministrarán a los que lean este libro. Jesús me dijo: “Nunca te olvides de lo mucho que te amo y de lo que he hecho por ti. Nunca te olvides de cuánto amo a aquellos con los que regresas y del lugar que he preparado para ellos, y de cuánto los amo”.
No puedo explicarlo; tan sólo puedo contarle lo que vi, y sólo puedo contar parte.
—Rev. Richard Sigmund

I can’t explain it. I can only tell you what I saw. And language fails. It really is indescribable: the sights, the sounds, the sizes, the colors, the smells. How can one describe a place called heaven?
I remember knowing things there that I can’t remember now—or am not supposed to remember. I was allowed to see many things, but there was much more that I was not allowed to see.
Many others have had similar experiences of heaven, and some of the things they saw were the same as what I saw. Others were not. And if you were shown a place called heaven, you would see different things, too. Everybody who has an experience like this is going to see it differently. Many of the things that I saw and witnessed would probably not be the things that another person would see because we are each individuals, and God deals with us in individual ways.
The things that I saw related and ministered to me, and I believe they will also minister to those who read this book. Jesus told me, “Don’t ever forget how much I love you and what I have done for you. Never forget how much I love those whom you are going back to and the place I have prepared for them and how much I love them.”
I can’t explain it. I can only tell you what I saw. And I can tell only so much.
—Rev. Richard Sigmund

 

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